Midiendo eternas distancias
hoy brotan de tu encordado
sones que tienen fragancias
de un tiempo gaucho olvidado.
("Guitarra, guitarra mía" de Carlos Gardel y Alfredo Le Pera)
Desde un tiempo olvidado, cuando estas tierras del Sur aun no tenían nombre y Europa empezaba su época de esplendor, suenan las cuerdas, vibran los parches y lloran los fueyes de los instrumentos que acompañan a la música argentina. Los instrumentos, más que herramientas para hacer sonidos, son compañeros de los músicos y padres de las canciones. Y tienen su historia también, olvidada por algunos pero bien guardada en versos perdidos y en los antiguos cuentos que llegaron al igual que un mensaje en una botella hasta el presente.
Como la guitarra, llamada en estas tierras "criolla", alma del sonido de una gran parte de los ritmos folclóricos de toda Latinoamérica y del tango. Sus orígenes se remontan al décimo siglo antes de Cristo, cuando en la región que hoy es Siria, los hititas utilizaban un instrumento de cuatro cuerdas y bordes curvos. Tiempo después, los músicos de las ciudades griegas tocaban la cítara, que se extendió luego hacia toda Europa occidental. En cada país, la citara se modificó y cambió dando origen a varios instrumentos, pero es en España donde se tiene registro de las primeras guitarras clásicas. Desde allí partió en carabela hasta América de la mano de algún marinero que cantaba viejas canciones españolas en las largas noches de travesía. En poco tiempo se extendió por todo el continente, para acompañar muchos ritmos folclóricos desde el Caribe hasta la Patagonia.
En los ritmos argentinos, acompaña a la guitarra el bombo legüero. Legüero se lo llamó porque el golpe profundo del parche viajaba varias leguas desde el norte del país, marcando el compás de las coplas. Los pueblos originarios utilizaban un instrumento parecido, el bombo nativo, pero cuando llegaron los españoles introdujeron el tambor militar, de donde los habitantes del continente se inspiraron para crear el bombo actual. Un tronco de ceibo o quebracho blanco ahuecado al que se le colocaba un parche de cuero de animal, lograba al percutirse un sonido grave y seco que con el tiempo se convirtió en el golpe característico del folclore nacional.
En las quebradas norteñas al ritmo del carnavalito surgió otro instrumento, emblema del altiplano: el charango. Nacido en la ciudad boliviana de Villa Imperial de Potosí, el charango es heredero de la vihuela europea, pequeña guitarra de cinco cuerdas que, una vez más, introdujeron los españoles a su llegada. La vihuela se modificó en los diferentes países de Latinoamérica, y en Bolivia y Perú se convirtió en este pequeño instrumento de cinco pares de cuerdas apostadas sobre una caja de resonancia fabricada con madera o caparazón de mulita. El charango, la guitarra y el bombo legüero son instrumentos que los cantores del país adoptaron para expresar su sentir. Tienen un pasado, un camino de estrofas hasta la actualidad, que aun no terminó.
Che, bandoneón
Al hablar de instrumentos típicos de la música del país, no se puede dejar de lado al bandoneón. Voz del tango, el fueye fue creado en Alemania alrededor de 1850 por Heinrich Band (de ahí su nombre), pero sus antecesores se remontan a los viejos instrumentos chinos del año 700 DC y la armónica y el acordeón, los primeros artefactos que producían sonido por la vibración de lengüetas. Llegó a la Argentina a fines de 1800 y por el año 1900 se empezó a utilizar en las incipientes orquestas tangueras que surgían en los bajos de la Capital Federal, donde se lo llamaba
viernes, 25 de abril de 2008
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